El ciclismo de ayer y hoy

Antes era el bocadillo y la panela contra el dopaje descarado.

Por: Rufino Acosta Rodriguez

Los expertos y seguidores del ciclismo a fondo lo saben. En otros tiempos, los colombianos que iban a Europa se enfrentaban a circunstancias especiales dentro de las competencias, no solo por el estilo de carrera, el viento de costado, la furia del pelotón en el terreno llano, la dureza del clima o la calidad de sus rivales, sino la cercanía con el dopaje que imperaba sin dios y sin ley. Cuando las investigaciones tuvieron éxito, estallaron los escándalos y se agudizó el control, hasta el punto de casi erradicar el problema, poco a poco las aguas tomaron otro curso. Se aclaró la escena y se restableció el juego limpio que algunos habían olvidado. Entonces los célebres escarabajos, que antes se debatían en medio de enormes dificultades no propiamente deportivas y cuyas «extras» eran el bocadillo y la panela, comenzaron a marcar territorio y a situarse en un plano diferente, signado por sus condiciones naturales para el ascenso y el progreso técnico en los demás terrenos del pedal. Los tiempos heroicos sirvieron para sentar las bases de un sólido edificio y dejaron huella indeleble. A pesar de la adversidad y de los «superatletas», los colombianos se abrieron camino y conocieron la gloria, primero con Martín Cochise Rodríguez, y más tarde por cuenta de toda esa raza de guerreros que encabezaron Lucho Herrera, Fabio Parra, Oliverio Rincón, José Patrocinio Jiménez, Alfonso Flórez, Álvaro Mejía, Martín Ramírez, Víctor Hugo Peña (quien en el 2003 fue líder durante dos días del Tour de Francia), Santiago Botero y tantos otros que sin duda se me quedan por fuera. Ahora, ya protegidos contra el fantasma de las «ayudas», emerge una generación que también está llamada a escribir su propia leyenda. Se beneficia de la experiencia, de aquel proceso de aprendizaje, del apoyo de grandes multinacionales y del renovado conocimiento de lo que debe ser la disciplina de un deportista de alto vuelo. Rigoberto Urán y Nairo Quintana son los abanderados pero a su lado se asoma un buen lote de gladiadores de las rutas.

Orfandad informativa

En otros tiempos, la radio colombiana llamaba la atención en Europa no solo por su estilo bullicioso y alegre, sino por el elevado número de enviados especiales para cubrir las grandes carreras de ciclismo. Pero el vacío que se produjo después de la primera conquista europea, el retiro de los grandes patrocinios y las rencillas comerciales, fueron pretexto ideal para abandonar ese espacio y dedicarse al mundo del balón con afán casi ofensivo. Ni siquiera los buenos desempeños de Rigoberto Urán en el Giro ni de Nairo Quintana en el Tour 2013,  les sirvieron de gancho. Esta vez se vio avasallada por la impetuosa realidad de una carrera formidable en el Giro 2014, y apenas si tuvo tiempo de reaccionar. Alguien dio cifras deprimentes: solo dos enviados en Italia, contra la parafernalia que se va para el Mundial. Y conste que no pretendemos que se desconozca el máximo espectáculo de la FIFA ni se subestime la presencia de Colombia. Eso sería absurdo. Mas debe haber un punto de cierto equilibrio para darle a cada cual lo suyo. La afición lo merece. Con ello hubieran evitado el oso de tener que pegarse de la imagen de la televisión (que traían

ESPN, la RAI y otros canales internacionales), para simular que transmitían desde el sitio de los acontecimientos. Algo ha cambiado y no se da cuenta. Claro que los otros medios, escritos o televisivos, tampoco podrían tirar la piedra primera. De aquellas épocas ya remotas, cuando enviaban redactores y fotógrafos desde la base, a lo de hoy, también hay una enorme diferencia…de orfandad, ahorro mal entendido o descuido en el deber de informar. Una lástima pero es la realidad. Tal vez a nosotros nos correspondieron momentos de bonanza o de mejores criterios informativos. Quién sabe.

Sobre Rufino Acosta

Periodista y abogado. Se inició en el programa Deporte al Día, de La Voz de Santa Marta, en 1960. Trabajó con El Informador de la capital del Magdalena entre 1961 y 1964. Fue corresponsal de El Espectador en 1964 y desde 1965 hizo parte de la redacción deportiva en Bogotá, hasta su retiro en 1998. Estudió Derecho en el Externado de Colombia (1965-1969). Afiliado al CPB y Acord Bogotá.

Comentar