La reputación corporativa atraviesa un cambio profundo: ya no depende sólo de qué y cómo se comunican las organizaciones, sino de la interpretación, reorganización y amplificación de la información que hacen los algoritmos.
Según un reciente Análisis Emocional de LatAm Intersect, agencia integral de comunicación con presencia en Latinoamérica, que revisó los resultados de búsqueda en línea a nivel nacional durante los últimos 12 meses, el 41.6% de los colombianos siente miedo frente a la influencia de la IA, mientras un 35,1% se siente expectante.
En un ecosistema dominado por buscadores con IA, feeds personalizados y asistentes generativos, la percepción pública se construye cada vez más a partir de lecturas algorítmicas, no solo humanas. En Latinoamérica, y países como Colombia, esta dinámica se vuelve especialmente crítica por la alta polarización ideológica, la velocidad y fragmentación en la circulación del contenido y la atomización del ecosistema mediático.
(Imagen: archivo internacional-VBM).
“Es un cambio estructural. Hoy los algoritmos no solo distribuyen contenido, también condicionan la percepción que el público desarrolla de una marca o institución. Un comunicado, una entrevista o una declaración pública puede ser resumida, reinterpretada o encuadrada por modelos de IA que eliminan matices y priorizan ángulos emocionales, influyendo directamente en cómo audiencias, periodistas y stakeholders entienden a una organización”, explicó Roger Darashah, socio y cofundador de Latam Intersect.
A partir de 2026, esta lógica se intensifica. Los algoritmos tienden a amplificar contenidos que activan emociones como indignación o sorpresa y a atenuar aquellos que clasifican como controversiales, incluso cuando son relevantes. Además, las primeras interpretaciones que circulan suelen fijar la narrativa dominante, aun cuando luego aparezca información más precisa.
Esto vuelve a la reputación más volátil, pero también más predecible para las organizaciones que comprenden cuáles señales priorizan los sistemas: claridad del mensaje, coherencia narrativa, velocidad de respuesta y respaldo de fuentes confiables. Si los algoritmos son hoy coproductores de reputación, ¿cómo se gestiona la narrativa cuando una parte de ella ya no la controla la organización, ni los medios, ni el público, sino el propio sistema?
Las empresas enfrentan riesgos reputacionales impulsados por Inteligencia Artificial. Deepfakes políticos y corporativos, campañas automatizadas que simulan consenso y desinformación cada vez más profesionalizada están erosionando la confianza pública de manera más silenciosa y efectiva. “La desinformación ya no es un accidente. Hoy las organizaciones no enfrentan rumores espontáneos, sino campañas planificadas que usan tecnología, segmentación y narrativas hechas para parecer legítimas”, advirtió Claudia Daré, fundadora y directora de Latam Intersect.
La ética en la narrativa como infraestructura reputacional
Transparencia, verificabilidad y responsabilidad dejan de ser solo valores corporativos y pasan a funcionar como señales técnicas que los sistemas de IA reconocen y priorizan. “En 2026, el verdadero desafío no será cuántas herramientas de Inteligencia Artificial utilicen las organizaciones, sino qué tan ética, coherente y ordenada sea su estrategia de comunicación base. Solo las marcas que combinen sensibilidad humana con IA y narrativas auténticas lograrán construir reputaciones sólidas”, señaló Daré.
Para las empresas, marcas y organizaciones de Latinoamérica, el mensaje es claro: entender cómo piensan los algoritmos es hoy tan importante como entender a las audiencias, y quienes integren ética, coherencia y estrategia en su comunicación serán los que logren sostener -y liderar- la confianza en la era de la IA. (Interset).
Verbien magazín El tiempo corre hacia atrás y solo lo atan los buenos recuerdos y las buenas acciones. Gilberto Castillo