La Novela histórica Balboa y el Mar del sur, del escritor colombiano Gilberto Castillo, en la cual se narra, con veracidad y apego a los hechos, la gesta de Vasco Núñez de Balboa cuando descubrió el Océano Pacífico, -antiguamente llamado Mar del Sur-, fue lanzada con todo éxito y gran a cogida por parte de los lectores en las ferias de Ciudad de Panamá y Costa Rica, respectivamente.
Esta obra, editada por Ediciones Aurora en Colombia, es distribuida por Exedra Books en Panamá, y en Costa Rica, por la editorial de la Universidad Nacional de ese país que la acogió con entusiasmo por considerarla de trascendental importancia para estudiantes e investigadores. Los ejes de la novela se mueven sobre los hechos históricos ocurridos hace 500 años, el 29 de septiembre de 1513, cuando Balboa, con un golpe de mano inesperado y sorprendente para el mundo, al descubrir el Océano Pacífico, le entregó a los herederos de los Reyes Católicos, el domino de los mares del mundo y de todo el continente americano.
Y fue un hecho muy importante, porque como dice el mismo autor de la obra, “De ese choque entre india americana y español áspero es que descendemos los integrantes de esta raza americana compuesta por casi 400 millones de almas. Si nos hubieran conquistado los portugueses, los ingleses o los mismos holandeses, otra historia estaríamos contando, pero nos tocó esta herencia que tenemos hoy con todas sus cualidades, errores y defectos…pero hay que tener en cuenta que los europeos para entrar en Tierra Firme se demoraron 18 años después del descubrimiento de América, lo que demuestra que no fue una tarea fácil llegar hasta nuestros indios y mezclarse, y fueron los españoles quienes lo hicieron finalmente”.
Un choque violento y contradictorio
Sobre esta temática, expuesta por el autor en los conservatorios, -en que participaron historiadores panameños y Costarricenses-, se abrió la discusión, sobre una epopeya histórica que no ha sido reconocida oportunamente, pero que es de gran trascendencia histórica, pues además de ser el hecho más importante después del descubrimiento de América como dijimos, permitió que se completara para el hombre del siglo XVI, el mundo que pisaba, formando una raza con unas características especiales y una suerte contradictoria: pues se mezcló la inocencia de un continente virgen, con las experiencias, las manías y los complejos de un continente que como Europa además de estar destruido y humeante por guerras milenarias, sufría el complejo del menorazgo, porque los hermanos mayores eran dueños de todo, mientras los menores, -dueños a duras penas de su capa y de su espada-, no pasaban de ser más que ciervos de familia, y fueron quienes llegaron a esta América fértil para construir, a cualquier precio, la herencia y la fortuna que por una absurda ley les fue robada en su tierra.
Esos hermanos menores, humillados, llegaron como sementales salvajes a conquistar indias para formar una familia, -porque las españolas importantes no los tenían en cuenta por no tener dote suficiente, y si a algunas españolas traían, estas no aguantaban para tanto trajín en estos climas carrasposos y duros-. También encontraron oro que era lo más apetecido y como siempre escaso; mano de obra y tierras al cual más para sembrar, hacer una fortuna y regresar al viejo continente a exhibir con orgullo esa fortuna que no tuvieron por beneplácito de su padres sino de su propia fuerza y valor.
A partir de allí se trasplanta para nuestro continente la corrupción, la politiquería y las malas costumbres que aún nos agobian, pero también las cualidades y condiciones que hoy nos rigen, porque si damos un vistazo hacia atrás, no hemos cambiado por que el mundo ha cambiado con la revolución industrial y la tecnología, pero nuestra mentalidad y evolución como grupo étnico sigue pegado a muchas de las cosas que nos trajo ese siglo XVI y este descubrimiento que este 29 se septiembre celebramos.